INTRODUCCIÓN

 

Si bien es en la infancia cuando se inicia, en muchos casos, este trastorno continúa presente en la adolescencia y en la edad adulta. Los síntomas de hiperactividad tienden a disminuir durante la infancia. Sin embargo, la inatención y en especial la impulsividad permanecen en adolescentes y adultos. Muchos de los trastornos psicológicos y psiquiátricos presentes en la edad adulta, emergen como consecuencia de un TDAH no diagnosticado, no tratado y que se ha complicado con la evolución de la vida y las elecciones que se han ido tomando. En otros casos, a pesar de seguir presentando síntomas, se adaptan bien al entorno y no presentan problemas de salud mental.

 

La alta impulsividad, mental, emocional o física que tienen muchos de los pacientes con este trastorno, dificultan la toma adecuada de decisiones y precipitan la aparición de problemas propios de una falta de reflexibilidad. Lo que puede ser beneficioso en algún contexto o incluso en algún trabajo, puede ser muy perjudicial en muchas de las relaciones interpersonales, provocando mayor conflictividad interpersonal, que se traduce en problemas en las relaciones de pareja, de amistad y en las laborales.

 

Las dificultades de organización y planificación, también ocasionan problemas en el desempeño de tareas que motiven poco, sean poco gratificantes, o requieran un esfuerzo diario, sin obtener una recompensa temprana. Conforme las exigencias de la vida se van complicando, personas que viviendo solas funcionaban bien, o que durante los estudios preuniversitarios no tuvieron problemas, tienen muchas dificultades para la gestión de las obligaciones de la vida doméstica familiar o para los estudios superiores.

 

No hace falta decir que todas estas dificultades, conllevan un incremento en la ansiedad, en el estrés y un decremento de la autoestima. No es extraño que se compliquen con cuadros de ansiedad o depresivos. La impulsividad, la toma de decisiones erróneas, lleva a fracasos que a menudo desestabilizan emocionalmente a la persona y la pone en riesgo para el consumo de tóxicos o incluso para iniciar actividades delictivas.

 

Muchas de las personas diagnosticadas con trastornos de personalidad, consumo de tóxicos, cuadros afectivos o depresivos, pueden tener como la base del inicio de sus problemas, un TDAH no diagnosticado y no tratado.Este trastorno puede haber truncado su potencial profesional, y haber abandonado los estudios a pesar de tener unas buenas capacidades para asimilar los conceptos y poder trabajarlos.

 

Descubrir que se tiene este trastorno, puede ser una noticia que haga al indivíduo entender muchas de sus conductas, poder encontrar una justificación a ellas que no implique únicamente una culpabilización, y sobre todo, empezar a trabajar para ir encontrando soluciones adaptadas a sus circunstancias.

 

DIAGNÓSTICO DEL TDAH EN LA EDAD ADULTA

Actualmente, no hay recomendaciones oficiales en España, que indiquen el uso de técnicas  de neuroimagen o neurofisiológicas, de manera protocolizada en los procesos diagnósticos. Sin embargo, la experiencia clínica y numerosos investigadores defienden el uso del QEEG y los Potenciales Evocados como herramienta objetiva y de suma importancia en el diagnóstico y clasificación del TDAH, así como de gran ayuda en la toma de decisiones terapéuticas.  En nuestro centro contamos con el uso del QEEG y los Potenciales Evocados como una herramienta complementaria a la exploración clínica, en los procesos diagnósticos de pacientes con clínica de TDAH.

 

TRATAMIENTO DEL TDAH

 

El tratamiento del TDAH debería realizarse de manera individualizada, teniendo en cuenta al paciente y su familia. Además la aparición de nuevos subgrupos electrofisiológicos,que detectamos con la realización y análisis del QEEG y de los potenciales evocados,  encuentran subgrupos de TDAH que tienen diferentes alteraciones neurológicas y neuroquímicas, permitiéndonos personalizar los tratamientos , evitando pautar tratamientos inefectivos o incluso contraproducentes.

 

Las recomendaciones terapéuticas pueden incluir la psicoterapia, el coaching, la farmacoterapia y el uso de neuroterapias.

 

 

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