• Trastornos de eliminación.

Los problemas de control de esfínteres son muy preocupantes para los padres y pueden ocasionar tensión familiar. La identificación y el tratamiento adecuado de un trastorno de evacuación del niño pueden ayudar a los padres a evitar desacuerdos constantes y a prevenir problemas emocionales o de conducta. Muchos factores interactúan en la aparición de los trastornos de evacuación: el control de la orina y de los intestinos se ve afectado por el nivel de maduración del niño, su capacidad intelectual, las costumbres culturales y la dinámica de las relaciones entre padres e hijos.

La encopresis se refiere a la incontinencia fecal sin razón orgánica. Un niño con encopresis defeca en lugares inapropiados, como en la ropa interior o el piso, después de pasado el tiempo en que el control intestinal es fisiológicamente posible y después de la edad en que se espera que el niño logre usar el inodoro

  • Trastorno Somatomorfo

A veces un niño o adolescente se queja continuamente por una molestia o un dolor para los que un médico no puede encontrar una causa. Sin embargo, el dolor o la molestia son muy reales para él. El niño o adolescente puede estar sufriendo una enfermedad psicosomática (trastorno somatomorfo) y puede estar expresando sus conflictos emocionales a través de las quejas físicas. Trastorno somatomorfo es un término relativamente nuevo que se utiliza para describir un grupo de trastornos involuntarios caracterizados por síntomas físicos recurrentes y clínicamente significativos que no se pueden explicar completamente a partir de una afección médica generalizada (“orgánica”) o neurológica.

El diagnóstico en niños es poco frecuente, ya que los criterios para los trastornos somatomorfos se establecieron para los adultos, y ciertos síntomas todavía no se manifiestan en niños. El trastorno somatomorfo debe diferenciarse de otros dos diagnósticos: el trastorno facticio o la simulación, que se caracterizan por la presencia de síntomas producidos consciente o deliberadamente. Los trastornos somatomorfos diagnosticados en niños incluyen el trastorno de conversión, trastorno de somatización, trastorno dismórfico corporal, hipocondría y trastorno del dolor.

  • Enuresis (“Mojar la Cama”)

La enuresis (mojar la cama) hace referencia a orinarse en la ropa o en la cama después de la edad en que se espera que los niños ya sepan ir al baño, sin presencia de una enfermedad. Para encuadrarse en un diagnóstico de enuresis, el niño mayor de 5 años debe tener episodios de incontinencia involuntaria, de noche o durante el día, por lo menos dos veces por semana durante un período de tres meses o hasta el punto en que interfiere en el desempeño del niño en otras áreas, como la interacción con amigos.

Tratamiento: Primero se debe descartar cualquier posible causa médica. Muchos niños superan la enuresis con la edad y sin tratamiento. Si un niño tiene 5 años y la enuresis persiste durante tres meses o más, la mayoría de los expertos consideran que se justifica la intervención. Las técnicas conductuales, las cuales han demostrado ser efectivas, procuran eliminar la incontinencia urinaria directamente enseñándole al niño a controlar la vejiga durante la noche. Dependiendo de la gravedad, un niño puede beneficiarse con la administración de medicamentos, que pueden limitar físicamente la cantidad de producción de orina o ayudarlo a controlar esfínteres.

  • Esquizofrenia

La esquizofrenia se caracteriza por un pensamiento perturbado vinculado con las falsas ilusiones (ideas que no se basan en la realidad) y las alucinaciones (ver, escuchar o sentir cosas que no están allí) y la conducta y el lenguaje desorganizados.

Una persona con esquizofrenia (psicosis) puede perder contacto con la realidad y no puede controlar su pensamiento ni conducta porque el cerebro no procesa la información de la forma habitual. En la etapa más grave, la persona puede tener pensamientos de lastimarse a sí misma o a otras personas.

La esquizofrenia puede tener un inicio gradual, con síntomas de aislamiento y perturbación del lenguaje que se tornan evidentes con el transcurso del tiempo, o puede tener un inicio repentino en la adolescencia.

La esquizofrenia de inicio infantil es un trastorno muy infrecuente, que requiere descartar la existencia de una causa orgánica, y el abordaje incluye el uso de fármacos.

  • Mutismo Selectivo

El mutismo selectivo se refiere al silencio selectivo en un niño, que habla sin problemas en situaciones muy familiares. Los niños con mutismo selectivo se desenvuelven y hablan normalmente en el ambiente familiar próximo; sin embargo, cuando hay personas poco conocidas, se vuelven tímidos y retraídos. Algunos niños evitan el contacto visual y no se comunican de ninguna manera con los demás. Otros no recurren a gestos ni cambios en su expresión facial. A pesar de que es poco común, el mutismo selectivo merece mucha atención porque persiste y tiene un impacto debilitante en los niños pequeños. Obviamente, este problema puede tener aspectos sumamente negativos sobre el funcionamiento social y educativo. Es importante establecer que el silencio no se debe a falta de competencia lingüística ni tampoco a otras afecciones como el trastorno de la comunicación, el trastorno psicótico o un trastorno generalizado del desarrollo.

Causa: En este momento, los investigadores creen que la mayoría de los casos de mutismo selectivo se debe a fobia social, un trastorno de ansiedad caracterizado por inhibición de las acciones sociales a causa de miedo a pasar vergüenza o a ser juzgado negativamente por los demás.

Tratamiento: La terapia conductual junto con la intervención familiar y el uso de medicamentos, solos o en conjunto, han demostrado tener resultados posit

  • Retraso Mental

El retraso mental hace referencia a un trastorno en el que la capacidad de una persona de aprender y funcionar es más limitada que en otras personas de la misma edad. Durante la infancia y los primeros años en los que un niño comienza a caminar, se lo puede considerar solamente un poco lento, aunque puedan ser visibles retrasos en el desarrollo y en las habilidades motrices y del lenguaje. Sin embargo, a menudo no se realiza un diagnóstico del retraso mental hasta que el niño se encuentra en la escuela primaria y presenta dificultad para desarrollar las habilidades académicas. Además de un desempeño intelectual inferior al promedio, el niño muestra:

limitaciones significativas en el funcionamiento adaptativo en algunas de las siguientes áreas de habilidades: comunicación, cuidado propio, convivencia en el hogar, habilidades interpersonales/sociales, uso de los recursos de la comunidad, autodirección, habilidades académicas funcionales, trabajo, ocio, salud y seguridad.

Causa: El retraso mental puede originarse por diversas causas, que incluyen alteraciones biológicas y hereditarias en el desarrollo embrionario, problemas perinatales y durante el embarazo, afecciones médicas generales adquiridas durante la infancia o niñez, y factores ambientales, como falta de estimulación, nutrición inadecuada y exposición a toxinas como el plomo. Alrededor del 25% se debe a una anomalía metabólica o cromosómica, de la cual los trastornos más comunes son el síndrome de Down y el síndrome del cromosoma X frágil.

  • Tics

El niño con síndrome de Gilles de la Tourette (ST) sufre tics vocales y motores involuntarios que pueden variar e incrementarse y reducirse con el transcurso del tiempo. (Un tic es una contracción nerviosa rápida y reiterada que produce un movimiento rápido y repentino. Un tic vocal es un sonido producido involuntariamente). Los tics pueden involucrar distintas partes del cuerpo. Los tics motores más comunes son parpadear, encogerse de hombros, y hacer muecas y movimientos con la nariz. Los tics vocales pueden incluir ruidos y sonidos sin sentido, entre ellos, gruñidos, chasquear la lengua, silbar y despejarse la garganta.

  • Trastorno Bipolar

El trastorno bipolar se caracteriza por cambios de humor persistentes e intensos que van desde la depresión hasta la manía. Estos estados de ánimo son fuertemente intensificados o claramente diferentes de la personalidad habitual del niño, y su intensidad y duración son extremadamente exageradas en comparación con los eventos del entorno.

El trastornos bipolar es muy infrecuente en la infancia, y su tratamiento requiere un abordaje farmacológico.

  • TEPT (Trastorno por estrés postraumático)

Un niño que sufre trastorno de estrés postraumático desarrolla síntomas como miedo intenso, conducta alterada y desorganizada, insensibilidad emocional, ansiedad o depresión, después de estar expuesto directamente o de presenciar una situación traumática extrema que involucra una lesión grave o una amenaza de muerte, o de escuchar sobre un hecho que involucra a un familiar.

  • Trastorno dismórfico corporal.

Muchos de nosotros dedicamos muchas horas y mucho esfuerzo a nuestra apariencia. Usamos maquillaje, vamos al gimnasio, compramos ropa que nos hagan parecer más delgados y peinamos nuestro cabello; todo esto para vernos más atractivos. Las personas que padecen trastorno dismórfico corporal (TDC) sufren de una versión más extrema de estas preocupaciones normales por la apariencia. El TDC se caracteriza por una preocupación que demanda mucho tiempo, y que es potencialmente discapacitante, hacia defectos imaginarios o mínimos de la apariencia, o una preocupación excesiva con respecto a una anomalía física menor. Para ser diagnosticada como tal, dicha preocupación debe causar angustia significativa o afectar negativamente en el desempeño social, personal o escolar. A pesar de que casi cualquier parte del cuerpo puede ser fuente de preocupación, el TDC se relaciona más frecuentemente con los ojos, las orejas, la nariz, la piel, el mentón, la mandíbula u otros rasgos faciales. A pesar de que no sabemos qué causa el TDC, sabemos que existen varias fuentes entre las que se incluyen factores socioculturales, psicológicos y biológicos. Tanto la medicación como la terapia conductual y cognitiva han ayudado a reducir los síntomas.

  • Trastorno reactivo de la vinculación

La vinculación hace referencia al lazo íntimo que se forma entre un niño o bebé y la principal persona a cargo. Una vinculación segura se considera vital para el desarrollo emocional del niño y su capacidad para establecer otras relaciones sociales saludables. Los bebés y niños con trastorno reactivo de la vinculación (TRV) muestran una relación social perturbada e inapropiada para el nivel de desarrollo, y no inician ni responden adecuadamente a la mayoría de las interacciones sociales.

Existen dos tipos principales de trastorno reactivo de la vinculación: el tipo inhibido, que se caracteriza por la incapacidad persistente de iniciar y responder a la mayoría de las interacciones sociales de forma apropiada para el nivel de desarrollo, y el tipo desinhibido, que se caracteriza por la sociabilidad indiscriminada o la falta de selectividad en la elección de figuras de vinculación.

El trastorno reactivo de la vinculación es distinto del retraso mental grave o de un trastorno generalizado del desarrollo, como el trastorno autista. Un niño con trastorno reactivo de la vinculación tiene la capacidad de apreciar las relaciones sociales, pero no se desempeña adecuadamente, mientras que un niño con retraso mental grave o un trastorno generalizado del desarrollo sufre una discapacidad neurológica que impide el desarrollo esperado en las relaciones sociales.

 

 

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